Blanco Lapola: lecciones

Estuardo Zapeta
Ha sido uno de los casos denominados de “alto impacto”. Ha sido uno de los casos denominados de “alto impacto,” y es que el presunto uso del Estado por parte de una funcionaria para fines que todavía se debaten deberá pasar a nuestra historia no sólo como impactante, sino también como paradigmático. La fase de este proceso es todavía inicial, pero la sola mención de delitos “extrajudiciales” nos retorna de sopapo a aquellos tiempos oscuros de la Guatemala en la que crecí, más con temor de morir, que con la alegría de vivir. Marlene Blanco Lapola, ex viceministra de Gobernación, ha sido ligada al caso por el cual se le investiga por la presunta conformación de una estructura paralela, la cual cumpliría acciones de sicariato. Su defensa ha pedido enfrentar a uno de los informantes, su ex guardaespaldas, para poder determinar si existen o no contradicciones en el testimonio. A propósito, éste “colaborador eficaz” fue acusado y condenado por varios delitos. Blanco Lapola, en cuento “pedagógico”, deja varias lecciones que no podemos obviar en la búsqueda por establecer en Guatemala un verdadero Estado de Derecho. Primero, aunque el caso no es nuevo ni para la Justicia ni del conocimiento de la opinión pública, había una duda razonable acerca de si llegaría o no a proceso legal, ya que en el contexto de la acusada estaba un halo de protección “política” y cuasi oficialista que, según el análisis, no iba a permitir que el caso avanzara. Por eso fue sorpresa para la ciudadanía enterarse del seguimiento y de la persecución de este caso, que sería uno de los primeros que involucraría a una alta funcionaria en la organización de una presunta estructura dentro del Estado. Segundo, el caso toma fuerza como “paradigmático” porque es uno de los pocos de nuestra historia actual que involucraría a agentes estatales en precisamente los males que las autoridades esperarían erradicar por medio de una lucha frontal contra la delincuencia. ¿Y qué pasa si esa supuesta delincuencia viene de parte del mismo Estado? Tercero, es trascendental estudiar y analizar a otros actores relevantes en el caso Blanco Lapola, y me refiero a actores que siempre han navegado con cara de “derechos humanos”, que son sobrefinanciados por la “comunidad internacional”, y que han hecho una carrera y fortuna bajo la sombra de “intocables” por estar precisamente, según ellos, de lado de la defensa de esos “derechos” que ahora habrían sido violados. ¿Será que esos otros “actrices y actores” de ese contexto guardarán silencio, mirarán para otro lado y preferirán que siga la impunidad? Cuarto, la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG), otrora “íntima amiga” de esos “agentes” del Estado, que hoy son cuestionados, también deberá ser pasada por el análisis, ya que si esta Comisión, sobre todo en tiempos del mal recordado “Castresana”, tuvo conocimiento de esos condenables actos y escondió evidencia, su cierre sería inmediato, ya que junto con el “coro” de voces de “apoyo” habría encubierto actos impunes en Guatemala, lo cual desdice su misma esencia, y por lo tanto su existencia. Las lecciones de este caso continuarán. Artículo publicado en el diario guatemalteco Siglo 21, el día martes 08 de mayo 2012.