Cometió un error

Carroll Ríos de Rodríguez
La ciencia y la razón humana tienen límites. Lovelock nos recuerda que no todo lo que piensan y dicen los científicos es verdad revelada. “Antes de terminar este siglo, miles de millones de nosotros moriremos y las pocas parejas sobrevivientes, capaces de reproducirse, estarán en el Ártico, donde el clima seguirá siendo tolerable”, predijo James Lovelock. Así de tétrica era su visión de futuro. El científico inglés fue una de las voces más influyentes del fatalismo ambiental, luego de haber adquirido fama mundial en los años setenta por formular la hipótesis de Gaia, según la cual la Tierra es un complejo sistema auto-regulador. Sus libros, que él mismo describe como alarmistas, tuvieron tanto impacto como la película de Al Gore. Ahora, con 92 años de edad, soltó una verdadera bomba: se retractó. Paradójicamente, la noticia fue difundida por la agencia noticiosa MSNBC, una de las principales promotoras de la agenda del cambio climático. Tal extremo llevó a un bloguero a comentar que con el revés de Lovelock termina la era del terror, producida por el hombre, respecto del calentamiento global. “Está bien, me equivoqué”, declaró Lovelock. Hace veinte años, él pensaba que el clima mostraba una tendencia clara al alza, pero según sus cálculos el planeta ya debería estar medio frito, y eso no pasó. Lo que es más, no sabemos qué pasará: quizá tome mil años más ver el calentamiento que ya tendría que haberse producido. No niega la posibilidad del calentamiento, pero la temperatura no ha variado en mil años, aunque los niveles de dióxido de carbono sí subieron. Opina que los científicos tienen que desarrollar más el campo de la física para poder hacer predicciones precisas. Decir la verdad puede ser duro. Adoptar la solitaria y valiente postura de soplón le costará caro pues invirtió tiempo y trabajo defendiendo lo opuesto. Perderá amigos y más. ¿Por qué sus colegas permanecen en silencio, si lo que dice Lovelock es cierto? En 2010, el Dr. Lovelock observó que otros científicos, sobre todo los que trabajan en universidades o para el gobierno, temen perder el financiamiento para sus investigaciones si concuerdan con el disidente. Él pudo admitir la verdad porque era independiente. Ha dicho que hay corrupción en la comunidad científica, que se publican resultados falsos y que mucha de la investigación es de calidad mediocre. Cuando son los propios colegas quienes califican tu trabajo, emergen prejuicios y hasta censura, condena. En cambio, los escépticos han jugado un rol valioso al evitar que la ciencia climática se convierta en dogma. “Se nos fue de las manos”, reflexiona sobre el descamino de su disciplina. La ciencia plantea hipótesis que pueden ser falseadas; con el tiempo, un replanteamiento del problema o avances técnicos pueden apuntalar resultados divergentes. La ciencia y la razón humana tienen límites. Lovelock nos recuerda que no todo lo que piensan y dicen los científicos—dentro y fuera de su especialidad—es Verdad revelada. Tras redimensionar con realismo los aportes científicos, debemos reconsiderar también el giro y alcance de las políticas públicas destinadas a proteger el medio ambiente. Artículo publicado en el diario guatemalteco SIglo 21, el día miércoles 9 de mayo 2012.