¿Cuál reforma constitucional?

Ramón Parellada
El presidente, Otto Pérez Molina, indicó el viernes pasado que se ha reunido con varios sectores para analizar propuestas de reformas que modernicen el Estado pero que implican cambios constitucionales. Al momento en que escribo estas líneas no se ha convocado a nadie de ProReforma, cuya propuesta de reforma parcial a la Constitución, sin pasar por una Constituyente sino a través de una consulta popular, es la que considero como la mejor para lograr un verdadero Estado de Derecho que permita establecer reglas claras, límites a la discrecionalidad de los funcionarios públicos, disminución de la impunidad y que logremos un crecimiento económico de dos dígitos. Lamentablemente, el presidente no tomó en cuenta, entre otros, a personas involucradas en ProReforma para estudiar las propuestas de cambios de la Constitución, las cuales aún no se conocen. Esperamos que se conozcan pero qué pena tener que comenzar de cero cuando ya hay todo un trabajo revisado y estudiado además de que fue apoyado por 73 mil firmas de guatemaltecos comprometidos con lograr una Guatemala menos violenta, con justicia y con prosperidad para todos. Y fueron 73 mil firmas porque no se necesitaban más que 5 mil y había que presentar la propuesta. De lo contrario se hubiera seguido recaudando firmas, pues los guatemaltecos ya están cansados de seguir siendo pobres y vivir en un país donde la seguridad y la justicia, así como la falta de oportunidades brillan por su ausencia. La Universidad de San Carlos, la Universidad Rafael Landívar y Asíes presentaron otra reforma pero la considero cosmética. No va al fondo de los problemas. Seguramente se pensó en que pudiera pasar políticamente pero eso es desperdiciar una oportunidad para hacer los cambios que en verdad se necesitan. No se necesitan sólo cambios de forma o superficiales; se necesitan cambios profundos. El sistema está podrido y quien sea llegue al poder quedará atrapado en la telaraña que ahora constituye ser servidor público en caso de que quiera hacer bien las cosas. Incluso los buenos terminan siendo desprestigiados y contagiados de una corrupción que trataron de eliminar. El Gobierno debe presentar su programa de cambio constitucional para que lo conozcamos todos. No debe convocar a una Constituyente ya que el cuerpo doctrinario de la Constitución, aunque no es perfecto, es aceptable y en una Constituyente podría empeorarse. Por qué convocar a políticos para que vean los cambios del sistema de nuestra Constitución cuando un grupo de ciudadanos preocupados por mejorar la situación real del país, de los derechos individuales a la vida, a la propiedad y a la libertad ya hicieron su propuesta que sólo está pendiente de que el Congreso pueda someterla a consulta popular. Otto Pérez Molina sorprendió a todos con su valentía al proponer el diálogo sobre la despenalización de las drogas desde su producción hasta su consumo. Si en verdad quiere pasar a la historia como un gran estadista debería proponer cambios positivos de largo plazo para el país, cambios que impliquen la diferencia entre seguir siendo pobres (no hemos sobrepasado aún el PIB per cápita que teníamos en 1980) o volvernos un país próspero y desarrollado, entre seguir con un alto índice de criminalidad y delincuencia, así como impunidad o volvernos un país seguro y donde la seguridad y justicia funcione para todos. Espero que se retome con seriedad, libre de ideologías y partidismo, un cambio verdadero a la Constitución. No basta con cambiar a las personas cada cuatro años; debemos cambiar nuestro sistema. ProReforma ya tiene los cambios de fondo listos para proponerse en una consulta popular. No perdamos esta oportunidad. Artículo publicado en el diario guatemalteco Siglo 21, el día jueves 31 de mayo 2012.