Empresarios ambientalistas

Carroll Ríos de Rodríguez
La conferencia de la ONU sobre ambiente, Río + 20, tendrá lugar en un mes. Parece que no será tan concurrida ni glamorosa como la primera reunión de Río, donde se gestó lo que sería el Protocolo de Kioto y se suscribió una declaración. La mayoría favorece las aspiraciones plasmadas en la declaración: encontrar un balance entre el cuidado del ambiente, el desarrollo de la humanidad y la erradicación de la pobreza. Sin embargo, se discute seriamente cómo se puede lograr el cometido, y no tanto la meta en sí misma. La teoría del fracaso de mercado ha sido el punto de partida para muchas estrategias. Se asume que el gobierno debe controlar a los actores económicos para que no generen externalidades; las eficiencias en materia de protección ambiental serán producto de la acción gubernamental que dirige y fiscaliza las decisiones de los individuos. Sin embargo, dos décadas de ensayos con base en esta teoría han generado resultados poco satisfactorios. Ahora se exploran enfoques alternos que convertirían al mercado en aliado, no enemigo, del ambiente. Los incentivos de mercado pueden aprovecharse para rescatar especies, conservar bosques y más. Creo que fue Terry Anderson, director ejecutivo del Centro de Investigación de la Propiedad y el Ambiente (PERC), quien acuñó la palabra enviropreneur. Se refiere a la constructiva unión entre la empresarialidad y el ambientalismo. “Los empresarios son mis héroes debido a su optimismo. En vez de ver problemas, ven oportunidades”, dice Anderson. Brett Howell es un buen ejemplo de la actitud y empuje que admira Anderson. Abandonó su trabajo como consultor para intentar salvar los arrecifes de Florida. Ahora se desempeña como asesor del Acuario de Georgia e intenta armar un novedoso mercado para la restauración de los corales. Howell se dio cuenta, y los estudios gubernamentales así lo revelan, de que la cubierta de corales en el área de Florida se ha ido perdiendo aceleradamente, aun cuando existen numerosas regulaciones para protegerla, y a pesar de que constituye un invaluable recurso ecoturístico para la región. Él reunió a “compradores” y “vendedores” de arrecifes para ver si estaban dispuestos a suscribir contratos. Las empresas que cosechan corales y los transplantan a arrecifes salvajes son “vendedores”, al igual que las industrias contaminadoras y los barcos de pesca comercial. Es necesario incluir en la negociación a quienes dañan el arrecife para compensarlos, pues sus actos son tan impactantes como los de los restauradores. Los “compradores” son los beneficiarios de arrecifes sanos, como las empresas de buceo, los hoteles, los restaurantes y otros interesados en ganarse una reputación ecológica. El reto es negociar de tal forma que los compradores estén dispuestos a pagar lo suficiente para cubrir los costos de los vendedores. ¡Ojalá prospere este esfuerzo! Los enviropreneurs como Howell pudieran convencer al movimiento ambientalista de dejar atrás su visión centrada en la política, y explorar soluciones de tipo gana-gana. Artículo publicado en el diario guatemalteco Siglo 21, el día miércoles 23 de mayo 2012.