¿Estado de qué?

POR JOSÉ RAÚL GONZÁLEZ MERLO
Luego de dos semanas y más de Q5 millones, el Gobierno levantó el estado de Sitio en Huehuetenango. Su aplicación fue fuertemente criticada por algunos. Hasta le aplicaron el apelativo de moda: “racista”. Sin embargo, en mi opinión, la respuesta del Gobierno fue proporcional a la gravedad de los hechos. Una minoría violenta no puede ni debe imponerse sobre el resto de la población. Pareciera como que lo que más les molesta a los organizadores de los desórdenes que culminaron el 1 de mayo es que no haya habido una tragedia con más muertos. Los mártires son indispensables para las causas. Es por ello que la prudencia y valor con el que actuaron los soldados del destacamento militar les aguó la fiesta a los revoltosos. Sin embargo, es un indicativo de la temeridad con la que están dispuestos a actuar para buscar “tontos útiles” que sacrifiquen estérilmente sus vidas. —“carne de cañón”, les decían en otros tiempos—. Atacar un destacamento militar y golpear brutalmente a los soldados es un desafío frontal a la autoridad legítimamente constituida. Y aún así les ofende que se les llame “terroristas”. Encima de todo, delicados… Dicen que el detonante de los bochinches fue la muerte de un vecino en circunstancias aún no esclarecidas. Es obvio que esa muerte, junto con los otros hechos, debe ser investigada. No obstante lo anterior, los hechos violentos fueron la culminación de muchos otros actos de terrorismo que le precedieron. En todos ellos, el común denominador es la intimidación hacia los pobladores que no se oponen a la operación de la hidroeléctrica. Son personas que no han creído el engaño de opositores. Quizás creen que algo bueno traerá la operación de esa empresa. Después de todo, ¿qué desarrollo prometen los bochincheros? ¿Cuál es la gran alternativa? ¿Seguir igual, o peor? ¿Qué ofrecen a cambio? Nada. La minoría violenta busca imponerse sobre la mayoría pacífica. Hay temor. Dicen que la hidroeléctrica va a destruir lugares ceremoniales. ¿Dejarán sin agua a la comunidad? Son rumores con los que, de mala fe, se engaña fácilmente a la población. Una hidroeléctrica utiliza un recurso renovable y esta operaría físicamente lejos de los lugares señalados. En todo caso dicen que el agua del río viene con todos los desechos propios de un desagüe… Bien le quedaría a la Muni local usar el dinerito de la hidroeléctrica para hacer una plantita de tratamiento de agua y facilidades sanitarias… ¿O es que los bochincheros ofrecen hacerlo? En Santa Cruz Barillas gente ha sido secuestrada, trabajadores han sido amenazados, bienes han sido destruidos, maquinaria ha sido quemada, caminos han sido saboteados y, ahora, soldados han sido linchados. Hasta el 1 de mayo los terroristas habían logrado su propósito. No es que “se le haya ido la mano” al Gobierno. Más bien, ya era hora de que asumiera la irrenunciable responsabilidad de imponer el orden. Si para ello se requirió de un estado de Sitio, ni modo. Y si con ello se logra llevar un poco de desarrollo a sus pobladores, eso ya es ganancia. Ahora a deducir responsabilidades. Artículo publicado en el diario guatemalteco Prensa Libre 21, el día martes 22 de mayo 2012.