La señora frustrada y los salvajes en la Sexta

Karen Cancinos
Siglo.21 puede hacer esto por sus lectores: 1) ayudar a la columnista ofuscada, y 2) reportar el vandalismo de los “trabajadores”. No conozco a Alejandra Marroquín Rey Rosa, pero sé que es madre y que se define a sí misma como ambientalista. Ante esos afectos y esas inquietudes no tengo motivos para pensar que no es una persona excelente. Pero su desafortunada columna publicada el martes me obliga a darle un consejo. Aquí va. Cómprese un poco de raíz de dong-quai. La venden en tiendas chinas. Cuézala y tómese el agua como té, bien endulzado con miel porque es sumamente amarga (la raíz). A millones de mujeres nos funciona estupendamente para el SPM y por eso en la medicina oriental resulta muy apreciada. Quizá resulte trabajoso todo eso de preparar y beber té de una raíz que sabe a rayos, pero es peor plasmar en un texto la frustración que deviene de unas hormonas alborotadas, cosa que por otra parte comprendo a la perfección, porque comparto con usted y con la mitad de la humanidad la condición femenina. Alejandra, ¿qué consiguió con insultar a nuestro país y sus habitantes? Solo que buen número de lectores enfadados la insultara de vuelta. A mí me apena mucho que a una de mis congéneres le endilguen calificativos como “vieja”, “histérica”, “menopáusica”. Porque ambas sabemos que tener cuarenta, ochenta o más años no es una vergüenza sino un trofeo. Porque las dos conocemos que “histérica” viene de “hysteros”, es decir, útero, nada menos que donde se acuna la vida de cada generación nueva (por eso un hombre jamás puede ponerse “histérico”). Porque tanto usted como yo tenemos conciencia de que la menopausia no es una enfermedad sino un proceso natural de la vida. Pero Alejandra, hasta para expresar furia o desgano hay que tener cierta gracia porque, aunque es verdad que a nadie se le puede exigir talento, sí se espera un mínimo de gentileza de una dama que escribe. Pero usted no la tuvo en esa pieza lamentable. Entiendo su luto, y me solidarizo con él. A menos que mi comprensión de lectura ande muy mal, logré colegir en medio de su nota –escrita con precariedad expresiva y muy mal gusto– que el dolor por la partida de unos amigos suyos era el tema de su columna. Pero no había necesidad de llamarle a Guatemala “paisito de m…” Si no escribo la palabra completa no es por santurronería sino porque simplemente mi patria no es eso. Ni sus compatriotas somos una bola de “gente de m…”, ni sus semejantes somos o “lambiscones” o “idiotas”. Si usted es integrante de la raza humana –que lo es– y también guatemalteca, y se exonera a sí misma de los adjetivos que tan fácilmente nos endilgó a los demás, o padece de una arrogancia rayana en lo patológico (y ahí el dong-quai de nada valdría), o escribir no es lo suyo. Más parece lo segundo, pero tiene remedio: un buen editor de aquí de Siglo.21 puede hacerle ver errores penosos y majaderías innecesarias. Hablando de groserías, ¿quiénes serían los salvajes que dejaron el Paseo de la Sexta Avenida tan inmundo como sus mezquinas cabecitas? No hubo pared, persiana ni escultura a salvo del pintarrajeo. ¿Qué tal si Siglo.21 se da una vuelta por allí para hacer un foto reportaje del estropicio que nos obsequiaron a los ciudadanos los “trabajadores” en su “marcha del 1 de mayo”? Mucho agradeceremos que se exponga gráficamente la miseria moral de esos individuos.00 Artículo publicado en el diario guatemalteco Siglo 21, el día viernes 4 de mayo 2012.