La única forma

POR JORGE JACOBS A.
La semana pasada expliqué por qué creo que en programas como el de repartición de fertilizantes quienes se benefician son los que venden, los que compran y los que reparten los productos y no quienes los reciben, mucho menos quienes los pagan. Este esquema nunca va a sacar de la pobreza a los pobres. Sólo se sale de la pobreza creando riqueza. Y esa no es la forma de hacerlo. Por eso es que no importa cuánto se despilfarre en estos programas, los pobres se mantendrán en la miseria, mientras que algunos cuantos “empresaurios” y funcionarios engordarán sus chequeras y se reirán de los incautos que sinceramente creen que esa es la forma de ayudar a los pobres, sin comprender que los están condenando a la miseria eterna. A este respecto, me gusta mucho una aseveración que hizo Benjamín Franklin hace casi 250 años: “Yo estoy en favor de hacer el bien a los pobres, pero difiero en mi opinión de los medios a utilizar. Creo que la mejor forma de hacerle bien a los pobres es no hacerles fácil la pobreza, sino guiarlos o empujarlos fuera de ella. En mi juventud viajé mucho y observé en diversos países que mientras más provisiones se hacían para los pobres, menos proveían ellos para sí mismos, y por supuesto se hacían más pobres. Por el contrario, mientras menos se hacía por ellos, más hacían ellos por sí mismos y se enriquecían”. Esta no es más que una forma elaborada del proverbio antiguo de que si le da a un pobre un pescado le quitará el hambre un día, pero si le enseña a pescar se la quitará para toda la vida. Hago énfasis en la parte que dice “guiarlos o empujarlos fuera de ella”, porque creo que ese es el camino a seguir, y ni siquiera me refiero a hacerlo con los fondos de los tributarios. No hay necesidad de buscar ejemplos en otros lugares o épocas, ya que en la actualidad abundan aquí en Guatemala. Mientras que los gobiernos han despilfarrado infructuosamente miles de millones de quetzales sin resultados que mostrar para tan descomunal gasto, encontramos muchos ejemplos de que, sin la “ayuda” de los gobernantes, han logrado dar un paso cualitativo considerable para salir de la pobreza. En muchos casos no se requiere de grandes inversiones ni mucha tecnología, simplemente alguien que les indique cómo cambiar de siembras y dónde venderlas. No se necesita mucho más. En alguna de las crónicas de la experiencia del presidente en el área rural el fin de semana pasado se narraba la dependencia del cultivo de maíz. Pues muchas familias guatemaltecas han pasado de la más profunda pobreza a un mucho mejor nivel de vida con tan sólo un cambio de siembras en las mismas parcelas que antes utilizaban para el maíz, incrementando su nivel de vida en 10, 20 o más veces. Por eso es que llora sangre que los políticos nos vengan con el cuento de que se van a gastar Q460 millones para ayudar a los campesinos, con poco o nulo resultado, cuando con muchísimo menos dinero, se podría realmente crear mucha riqueza en el campo. ¿Será que quieren sacar a la gente de la pobreza, o mantenerla en la misma para tener excusa para seguir saqueando las arcas públicas? Artículo publicado en el diario guatemalteco Prensa Libre, el día jueves 03 de mayo 2012.