Lujos de rico

POR JOSÉ RAÚL GONZÁLEZ MERLO
Dejar de ser pobre no es, ni por asomo, un derecho. Es un privilegio reservado exclusivamente para aquellas naciones lo suficientemente inteligentes como para aplicar los principios de la prosperidad económica que ha demostrado generar un capitalismo moderno. Hasta la China comunista lo entendió. Pero mientras nosotros no entendamos eso, la pobreza seguirá siendo un mal endémico en Guatemala. Como dice el refrán: “La vida de chancle es cara… pero la otra no es vida”. Los ricos se pueden dar muchos lujos. Los pobres no. Por ejemplo: los alemanes, que producen ocho veces más por habitante que los chapines, se pueden dar el lujo de aceptar pagar costos de energía eléctrica cada vez más altos. El tsunami en Japón y la crisis nuclear de Fukushima los asustó. Votaron y decidieron abandonar la generación de electricidad con plantas nucleares. La tecnología que tanto contribuyó a su prosperidad próximamente será eliminada. Mientras tanto, en Guatemala, un país pobre, nos damos el lujo de rechazar una fuente renovable, limpia y relativamente barata de energía: la hidroeléctrica. De ser así, seguiremos pagando electricidad cara. Carísima. Lo que se traduce en que los guatemaltecos más pobres continuarán resolviendo sus problemas de energía talando bosques. Hoy, el 47% de la energía que se consume en nuestro país proviene de leña, mientras que solamente estamos aprovechando un 13% del potencial hidroeléctrico nacional. El rechazo de ciertos grupos a la construcción de hidroeléctricas es un grave error. Y aceptarlo es uno aún peor. Es entendible que los otrora guerrilleros tengan un interés ideológico en rechazar cualquier cosa que parezca capitalismo. Es lamentable que “países amigos” canalicen los fondos de su “cooperación” para apoyarlos. Pero la minoría no debe ni puede mantener al resto del país en condiciones de pobreza. El planteamiento es tan inmoral e hipócrita que, por una parte, rechazan al Estado, pero, por otra, exigen salud, educación y subsidios sin querer aportar nada. El simple hecho de “ser pobre” les da “derecho a exigir” y recibir sin asumir responsabilidad alguna. ¿Qué tal? Yo me niego a creer que la gente es pobre por su gusto. Más bien creo que es víctima del engaño de grupos de agitadores que viven de mantenerlos en la pobreza gracias a la complicidad de la famosa “cooperación internacional”. Y también a la pobreza de carácter de gobiernos que les gusta “extender la mano”. No obstante eso, Guatemala no se puede ni se debe dar el lujo de desaprovechar la riqueza de sus recursos hidroeléctricos y mineros. Es por ello que la reacción oportuna y firme del Gobierno frente a los disturbios en Huehuetenango es una señal positiva. El Gobierno debe velar por que la mayoría de los guatemaltecos tenga la oportunidad de desarrollarse plenamente y no puede, ni debe, permitir que la Nación sea tomada rehén de una minoría que lucra con la pobreza y el subdesarrollo. Esa es la realidad. Nadie dijo que la ruta al desarrollo es fácil. Pero tampoco se vale que le metan zancadilla a uno a medio camino. Artículo publicado en el diario guatemalteco Prensa Libere, el día martes 15 de mayo 2012.