¡Perpetuar la pobreza!

Ramón Parellada
Los recientes problemas con la adjudicación de fertilizantes por parte del Ministerio de Agricultura me parecen innecesarios y causados por una intromisión del Gobierno en un área que no es de su incumbencia. Así como existe este programa “social” hay muchos otros que perpetúan la pobreza. Esta no es una crítica a una persona ni a un gobierno en particular, es una crítica al sistema de gobierno que tenemos en la que el populismo ha ganado muchos espacios con programas sociales en detrimento de las verdaderas funciones de un gobierno: garantizar la vida, la propiedad y la libertad. Estas funciones básicas implican la administración de la justicia y la de las fuerzas armadas y de seguridad. Cualquier cosa adicional que haga el Gobierno, en vez de ayudar a que la gente mejore, disminuye su bienestar, pues extrae los recursos de la población para luego redistribuirlos de vuelta con toda la ineficiencia y corrupción que ello implica a todo nivel. “El que mucho abarca poco aprieta”. El programa de fertilizantes nació con buenas intenciones pero no se midieron las “consecuencias no intencionadas”. Entre ellas está la perpetuación de la pobreza de quien califica para recibir el fertilizante pues es un campesino de escasos recursos y cuyas siembras son de maíz o frijol para su “supuesta subsistencia”. Una actividad de esta naturaleza prolonga el conformismo de quienes reciben la ayuda, cuando les llega efectivamente, para seguir en lo que están aunque esto sea condenarlos a esa forma de vida que es la eterna miseria. Cada vez que el Ejecutivo crea un ministerio para ayudar a los pobres mediante re-distribución de los escasos recursos que existen en la sociedad lo hace a un costo mayor que el resultado que obtiene. Primero debe detraer esos recursos de quienes están produciendo y generando riqueza y empleos. Luego gasta parte de los mismos en su administración y determinación a quiénes se va a asignar y cómo lo hará. De aquí que surgen programas populistas como lo fueron en su momento los programas de las obras sociales de la esposa del presidente, Mi Familia Progresa, el programa de fertilizantes, ayudas gubernamentales a las ONG e incluso me iría un paso más allá con todo el tema del fracaso de la educación pública a todo nivel, por ejemplo, de la que hablar en contra es tabú. La pregunta que debemos hacernos es ¿cómo estará la gente mejor (cómo reducir la pobreza) en el largo plazo?: ¿Con un gobierno paternalista que se encargue de programas sociales? ¿Con un verdadero Estado de Derecho donde el Gobierno se encarga de cumplir con su función básica y deja en libertad a las personas para producir e intercambiar sin coerción ni privilegios? Yo afirmo que es con un gobierno dedicado a su función básica en la que se defiendan los derechos individuales a la vida, la propiedad y la libertad sin excepción y sin populismo. Así se logrará mejorar el nivel de vida de todos los guatemaltecos, empezando por los más pobres. Lamentablemente la idea de un gobierno pequeño pero con un Estado de Derecho bien establecido es rechazada por los socialistas, los populistas y los que viven del gobierno y sus rentas. Hay demasiados intereses creados para que esto pueda cambiar de la noche a la mañana. Se necesita una claridad de mente, principios y valores bien definidos para evitar las presiones de usar el poder para ampliar el radio de acción del Gobierno. El Gobierno consume, no produce. Mientras más se meta en la vida de las personas menos posibilidad de salir de la pobreza tendremos; más bien la perpetúa. Artículo publicado en el diario guatemalteco Siglo 21, el día jueves 03 de mayo 2012.