Tachador tachado

POR PEDRO TRUJILLO
Aunque la noticia apareció hace un mes en medios costarricenses, aquí no ha tenido eco o intencionadamente fue silenciada, algo que cada vez me convence más. El antaño fiscal general tico -ahora comisionado de la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (Cicig)- deberá enfrentar un proceso por un “error” judicial que mantuvo en prisión a un ciudadano durante cuatro años y ahora es absuelto por certeza -primera vez que ocurre en la historia reciente del país-. Comparte denuncia con la escritora-fiscal la controversial Guiselle Rivera, conocida por sus pleitos con Castresana durante su permanencia en la Cicig y la negativa a que declarara en un caso nacional. No pensaba don Francisco que su novela Sin cuerpo sí hay delito, iba a ser superada. Ahora tiene tema para otra más esotérica: ¿Qué hacer cuando aparece el cuerpo? No se ven a las histéricas habituales —acostumbradas a exigirles a los demás— escribir sobre la necesidad de cambiar al comisionado porque está en duda, precisamente, su buen hacer. Tampoco a la Comisión Internacional de Juristas —en plural, aunque sea una sola persona— denunciar ruidosamente que deje el cargo por estar señalado de graves delitos. No es trivial la observación porque la Cicig fiscaliza procesos de elección de autoridades nacionales y escudriña la vida de candidatos, pero parece ser incapaz de ver la viga en el ojo propio. ¿Con qué autoridad moral podrá pronunciarse sobre la honorabilidad de ciertos aspirantes? ¿Cómo recusar a un juez, si el propio jefe del organismo internacional está cuestionado? El denunciante tico fue indebidamente condenado con pruebas que se presuponen falseadas —habrá que analizarlas para ver qué convicción mostraban— y permaneció años en prisión, lo que cuestiona esa táctica de encarcelar por tiempo prolongado que parece ser utilizada por la Cicig para “ablandar” a los detenidos. Casos sobran. El más notorio es el de los hermanos Paiz Valdés, entregados hace dos años y aún sin juicio. ¿Hay o no pruebas?, porque no se puede recluir en prisión indefinidamente a las personas. El desestimado de juzgar a Carlos Vielmann es otra de las renuncias a pesar de mantenerlo exiliado por casi tres años; el nulo avance en el caso Portillo, después de la absolución por falta de pruebas, es otra muestra de la “eficiencia” del ente y la liberación de algunos detenidos por meses, la guinda de este ilegal proceder. Corresponde de inmediato que el tachado don Francisco haga sus maletas y se centre en su caso. Es un funcionario altamente contaminado, como los que él mismo cuestiona, denuncia y aparta, aunque difícilmente tomará la decisión de irse, a fin de cuentas los jueces con intereses, ideologías o compromisos terminan enseñando el trasero y dejando al descubierto su particular hacer: Castresana, Garzón, etcétera. A esta vergüenza deben sumarse los parásitos-aduladores de la Cicig que viven de consultorías para tal ente y se muestran incapaces de reconocer esta situación, permaneciendo callados y calladas como cobardes, a pesar de explotar, promover denuncias y escribir artículos amañados cada vez que quieren destruir a alguien. Tocaron al “jefe” —nombrado por ellos mismos en pactado consenso— y se desnudó otra historia de complot, de mafias, de poderes paralelos, de vividores comprados y de ideólogos que impregnan de basura el acontecer nacional. Ya tiene el cuerpo del delito señor juez, ahora hay que ver si tendrá los bemoles de asumir su responsabilidad y de excusarse. Por cierto, ¿quién dijo que los ticos lo hacían todo bien? ¡Y un carajo! Artículo publicado en el diario guatemalteco Prensa Libre el día martes 22 de mayo 2012.