Un mundo de oportunidades

Ramón Parellada
Al viajar, aprovecho a visitar los supermercados, pues me gusta ver los productos que hay en cada país que visito, la forma en que los colocan, los empacan, los precios y sobre todo la variedad. Me impresionó gratamente encontrarme en un supermercado alemán, arvejas chinas de Guatemala. Me sentí muy orgulloso, y al ver el resto de verduras y frutas que venían de todos los continentes del mundo me decía a mí mismo que tenemos tantas oportunidades para exportar tantos productos hechos en Guatemala y que no terminamos de aprovechar. En otra ocasión, en un supermercado en Reston, Virgina, encontré productos nostálgicos guatemaltecos en sus empaques, además de frijoles enlatados, palmitos y otros más. Pero no sólo eso; también encontré camarones y tostones en el área de congelados que venían de Guatemala en empaques de alta calidad fabricados en el país. Empresas guatemaltecas están exportando de todo a distintos países, luego de superar barreras y obstáculos proteccionistas por todo el mundo. Mi comentario viene a que en Guatemala tenemos enormes oportunidades para exportar. No es fácil; es necesario hacer las cosas bien y tener los contactos adecuados, cumplir con las normas de calidad que se requieren y con las cantidades y tiempos de entrega. Ya lo están haciendo varias empresas con excelente calidad y magníficos tiempos de entrega. ¿Por qué no podemos hacer más? Veo oportunidades ilimitadas sabiendo que en este país hay tantas ventajas comparativas con el resto de países del mundo para producir muchos productos agroindustriales, entre otros. Luego me cuestiono enormemente las políticas intervencionistas del gobierno que van dirigidas a la economía de subsistencia, quitándole a los que producen riqueza y crean oportunidades para todos para dárselas a los supuestamente más pobres a través de programas sociales. Estos programas sociales sólo los mantienen en la miseria, como el programa de fertilizantes que los condena a seguir sembrando maíz en una de las formas más ineficientes que existen hoy en día. Si tomamos en cuenta que de cada quetzal recaudado sólo les llega una mínima parte porque el resto se va en gastos de recaudación, de manejo, de control, de administración de asignación y por supuesto de corrupción, entonces estamos engañándonos tontamente. Pero volviendo al tema de encontrar nuestros productos en todo el mundo considero que se debe a la globalización. La misma que en la época de oro del liberalismo hizo que Mises escribiera que “Las relaciones comerciales de ámbito mundial nacieron al amparo del espíritu liberal y del capitalismo del siglo pasado (se refiere al siglo XIV). Se consiguió que el trabajador inglés, por ejemplo, tuviera, en cierto sentido, a su servicio a gentes de los cinco continentes. Japón o Ceilán le suministraban el té del desayuno; Brasil o Java, el café; las Indias Occidentales, el azúcar; Australia o Argentina, la carne; Norteamérica o Egipto, el algodón; mientras el cuero de sus zapatos procedía de la India o de Rusia”. Un mundo sin barreras arancelarias y no arancelarias, un mundo sin restricciones a la migración, será un mundo mejor y totalmente globalizado donde el mercado para nuestros productos será el mundo entero. Me imagino la gran oportunidad para quienes encuentren explotar esas ventajas comparativas y competitivas que tenemos en este país. Pero, además, un mundo así beneficiará a todos los guatemaltecos, especialmente a los más pobres, mucho más que todas las políticas sociales de redistribución de riqueza juntas, al permitirle al guatemalteco común poder comprar sus productos de todos los proveedores del mundo escogiendo el mejor precio y la calidad que le satisfaga mejor. Artículo publicado en el diario guatemalteco Siglo 21, el día jueves 21 de junio 2012.