¿Cuál competencia?

JORGE JACOBS A. A raíz de la visita, la semana pasada, de uno de los comisionados para la Competencia de México, se le ha dado énfasis en los medios a la “importancia” de la aprobación de una Ley de Competencia. Lo que necesitamos no es una Ley de Competencia, sino que se eliminen las trabas que existen para competir. Muchos justifican las leyes de competencia bajo el argumento de que los mercados son imperfectos y que, por tanto, es necesaria la participación de los reguladores para “reducir las imperfecciones”. De entrada, considero que quien argumente que los mercados son perfectos, no tiene la más remota idea de qué son. Por supuesto que los mercados son imperfectos. Son imperfectos porque no son más que el resultado de las cientos, miles o millones de transacciones que se realizan diariamente por cientos, miles o millones de personas involucradas en el comercio de algún tipo de producto o servicio. Las personas que participan en la toma de decisiones que sumadas constituyen un mercado son —como todo ser humano— imperfectas. Pero adicionalmente, ninguno tiene ni puede tener toda la información que existe sobre ese producto o servicio y las transacciones que del mismo se llevan a cabo cada instante. De ahí que la información no es perfecta, las decisiones tampoco lo son, y por lo tanto, los mercados resultantes no pueden ser “perfectos”. Lo que hace que los mercados funcionen es la información que transmiten a través del sistema de precios. A través de los precios, una persona en cualquier parte del mundo puede tomar decisiones aunque desconozca cuáles son todos los factores que en ese momento inciden sobre ellos. El punto no es que los mercados sean imperfectos, la pregunta del millón es ¿cuál es la alternativa? Lo que es válido para todos los participantes es todavía más válido para un regulador alejado de la toma de decisiones y que su dinero no está en juego en las mismas: no puede tener toda la información de lo que pasa. Con el agravante que las decisiones que él tome serán mucho peores que las que toman diariamente todos los involucrados, debido al poder que este tiene para alterar el sistema de precios. El argumento de que es para evitar monopolios o acuerdos de precios tampoco es válido. Para evitarlos, lo que se necesita es eliminar todas las barreras de entrada a una actividad. La única forma en que son sostenibles los monopolios o los acuerdos de precios es cuando se obstaculiza exprofesamente el ingreso de nuevos competidores. Si lo que realmente se quiere es que exista competencia, lo que se necesita es eliminar todas las trabas de ingreso a cualquier actividad económica. Si no existen barreras de ingreso, aunque haya un solo oferente, este no podrá incrementar los precios por mucho tiempo antes de que la competencia llegue. El último argumento es el más ridículo. “Somos el único país de la región que no tiene una ley de competencia y los europeos nos la exigen”. Si realmente quieren que exista competencia y los “fuerzan” a tener una ley de competencia, lo pueden resolver de manera fácil. Emitan una ley de competencia que tenga un solo artículo: “Se anulan todas las barreras de entrada para cualquier actividad económica”. Y ya estuvo. Cumplen con el requisito y realmente liberan la competencia. Todo lo demás es una quimera burocrática. Artículo publicado en el diario guatemalteco Prensa Libre, el día jueves 21 de junio 2012.