La libertad y la Constitución

Ramón Parellada A propósito de las modificaciones que este gobierno pretende hacer a la Constitución y que a estas alturas del debate todavía no son conocidas con detalle, releía algunos autores que han escrito sobre distintos temas de la historia de la humanidad y encontré algunas ideas básicas sobre lo que es una constitución. Comienzo indicando que la libertad para mí es una necesidad, tal y como lo indicaba Pierre Goodrich (un empresario ejemplar y fundador de Liberty Fund); no es un simple deseo; no es un sueño, es una necesidad del ser humano. En este sentido, el uso de la coerción o la fuerza o incluso intimidación sobre un individuo (característica de cualquier Estado con el monopolio de la fuerza) es el medio más imperfecto para poder alcanzar y garantizar la libertad. Y este Estado imperfecto se establece para preservar y garantizar la libertad de cada persona de la coerción por parte de otros miembros de la sociedad incluidos a quienes gobiernan. Lord John Emerich Dalberg-Acton, en su libro Ensayos sobre la Libertad y el Poder, en su capítulo II titulado La historia de la Libertad en la antigüedad entendía la libertad como “…la seguridad de que todo hombre estará protegido para hacer cuanto crea que es su deber frente a la presión de la autoridad y de la mayoría, de la costumbre y de la opinión.” Tan importante es la libertad, que decía que “el mejor criterio para juzgar si un país es realmente libre es el grado de seguridad de que gozan las minorías”. Nos explica Lord Acton que el objetivo de la constitución política para los griegos “no era defender el predominio de cualquier interés, sino, en todo caso, prevenirlo, proteger con igual celo la independencia de los trabajadores y la seguridad de la propiedad, mantener a los ricos a salvo de la envidia y a los pobres a salvo de la opresión”. En cuanto a la libertad, continúa Lord Acton indicando que “…no es un medio para alcanzar un fin político más elevado. Es por sí misma el más alto de los fines políticos”. La Constitución debe contener leyes generales, abstractas y de aplicación universal que protejan y preserven la libertad. Si se pierde ésta entonces deja de cumplir con su función. Debe prevenirnos contra gobiernos despóticos y líderes populistas que gobiernen arbitrariamente. Debemos aprender de la historia. No queremos repetir las tiranías totalitarias ni de derecha ni de izquierda, no queremos nacionalismos ni racismo ni intolerancia religiosa. Queremos, como dice Isaías Berlin en su libro Árbol que crece torcido, un “equilibrio precario que evite el advenimiento de situaciones desesperadas, de alternativas intolerables”. No podemos repetir esos extremos donde un grupo se impone a otro por la fuerza justificando los medios por cualquier fin arbitrario. Por ello, garantizar la libertad de las personas, de todas, como una necesidad, viene del derecho natural y debe ser el objetivo primordial de cualquier constitución. Digo todo esto, porque al querer modificar nuestra Constitución surgen inevitablemente aquellos grupos políticos o grupos con intereses particulares que restringen la libertad con tal de lograr sus fines. Es aquí donde veo una gran superioridad de la propuesta a los cambios parciales a la Constitución por parte de quienes estamos defendiendo y apoyando ProReforma (www.proreforma.org.gt). Y temo que quienes la siguen criticando lo hacen por fines políticos e intereses particulares, tratando de imponer sus criterios sobre la preservación de la libertad y la defensa de la propiedad y la vida de las personas para quienes la Constitución Política servirá de guía. Artículo publicado en el diario guatemalteco Siglo 21, el día jueves 21 de junio 2012.