Los alquimistas

JOSÉ RAÚL GONZÁLEZ MERLO El alquimista era un personaje que pretendía encontrar la fórmula para convertir el plomo en oro. Una actividad obviamente fracasada. Sin embargo, hay alquimistas modernos: son los que creen que imprimir dinero sin respaldo, para financiar el gasto público, es fuente de prosperidad. Lamentablemente, hoy, al igual que ayer, ni la charlatanería alquimista ni la falsificación oficial de moneda nos sacarán de pobres. Juan Luis Font, Gustavo Berganza y Édgar Gutiérrez han escrito, en sus columnas de opinión, su escepticismo con la prohibición constitucional que impide al Banco de Guatemala imprimir dinero para financiar gasto público. Se dice que ese “candado” limita la capacidad del gasto público. Que el Gobierno pierde una fuente “barata” de financiamiento. Que culpa de ello, el Gobierno tiene que emitir bonos para cubrir su déficit fiscal, lo que representa un “negocio muy conveniente” para los banqueros locales. La solución, aprovechando las pretendidas reformas constitucionales, sería eliminar esa prohibición. “La historia ya es otra” —dice Édgar— “los aprendizajes de las crisis han abierto nuevas puertas”, agrega. ¿De veras? ¿Será que acaso hemos aprendido algo? No lo creo. La mayoría de guatemaltecos no habían nacido para recordar el último año de gobierno de Vinicio Cerezo. Yo sí. Recuerdo que su irresponsable gasto público fue financiado con emisión de dinero sin respaldo. Entre 1989 y 1990 el Banguat aumentó en el 90% la cantidad de dinero en circulación. Esa masiva falsificación, para el financiamiento del déficit, provocó la inflación más alta de nuestra era moderna: 80% acumulada en esos dos años. El impuesto inflacionario destruyó el patrimonio monetario de todos los guatemaltecos. A raíz de eso, ciudadanos prudentes promovieron la mentada prohibición constitucional. Las bajas tasas de inflación, de ahí en adelante, son consecuencia directa de una histórica decisión correcta. Por otra parte, si les molesta que los banqueros queden “pupusos de pisto”, la solución es fácil. Los gobernantes deben abandonar ese irresponsable comportamiento y adoptar una política de disciplina fiscal. ¿Quién es más mula? ¿El banquero que deja pasar la oportunidad de invertir en deuda pública, o el Gobierno que deja pasar la oportunidad de gastar lo que no tiene, endeudando al país? Respuesta: el más mula es el ciudadano que cree que los políticos, en ausencia de normas, se pueden comportar de manera responsable. No. La historia sigue siendo la misma, señores. En la medida en que los gobernantes de turno no tengan límites, se comportarán de manera irresponsable. Vean a Zimbawe, que rompió el récord mundial de hiperinflación hace apenas cuatro años, siguiendo nuestros mismos pasos de 1990. No, no hemos aprendido nada, porque si de verdad hubiésemos aprendido algo no estaríamos pretendiendo revivir un concepto a todas luces caduco y peligroso. La prohibición constitucional debe continuar por el bienestar de todos los guatemaltecos; especialmente de los más pobres, que son quienes más sufren con el impuesto inflacionario. Artículo publicado en el diario guatemalteco Prensa Libre el día martes 26 de junio 2012.