¿Queremos una hiperinflación?

Ramón Parellada Con esto de la Modernización del Estado y la idea del gobierno de modificar la Constitución se escuchan ideas y rumores que lo dejan a uno nervioso. No suelo hacerle caso a los rumores pero cuando se escuchan con insistencia me recuerdan aquel dicho que reza: “Si el río suena es porque piedras trae”, y entonces les pongo algo de atención. El rumor consiste en querer eliminar el siguiente párrafo del artículo 133 de la Constitución Política de la República de Guatemala: “Con la finalidad de garantizar la estabilidad monetaria, cambiaria y crediticia del país, la Junta Monetaria no podrá autorizar que el Banco de Guatemala otorgue financiamiento directo o indirecto, garantía o aval al Estado, a sus entidades descentralizadas o autónomas ni a las entidades privadas no bancarias. Con ese mismo fin, el Banco de Guatemala no podrá adquirir los valores que emitan o negocien en el mercado primario dichas entidades. Se exceptúa de estas prohibiciones el financiamiento que pueda concederse en casos de catástrofes o desastres públicos, siempre y cuando el mismo sea aprobado por las dos terceras partes del número total de diputados que integran el Congreso, a solicitud del Presidente de la República”. Este párrafo ha salvado a Guatemala de una hiperinflación. Y no lo digo por asustar sino porque creo que esta prohibición ha evitado que los gobiernos desde el de Ramiro de León Carpio a la fecha no han podido hacer uso del Banco de Guatemala para financiar sus excesivos y deficitarios presupuestos. La principal fuente de inflación e hiperinflación en todo el mundo ha sido originada por la emisión que los Bancos Centrales han creado para financiar al Gobierno Central. Este párrafo le pone un candado a esta posibilidad y con ello frena hasta cierto punto la emisión monetaria inflacionaria. Además, elimina también hasta cierto grado las presiones políticas sobre el manejo de la cantidad de dinero que en los sistemas monetarios de Banca Central posee la Junta Monetaria. Digo hasta cierto punto, pues la Junta Monetaria consta de ocho miembros, de los cuales hay tres ministros del Gobierno en turno, el de Finanzas, el de Economía y el de Agricultura más un miembro del Congreso de la República. Hay un miembro de las asociaciones de Comercio, Industria y Agricultura, uno de los bancos del sistema, uno de la Universidad de San Carlos y el presidente del Banco de Guatemala. Al no poder tomar ninguna decisión sobre financiar al Gobierno se elimina una de las presiones políticas más fuertes sobre la Junta Monetaria, la cual podrá controlar mejor la cantidad de dinero y evitar la inflación. No siempre se logra evitar la inflación. De hecho, considero que hemos tenido altas tasas de inflación a pesar de este candado pero reconozco que sin la prohibición podríamos estar mucho peor. La inflación es un impuesto oculto causado por el aumento en la cantidad de dinero más allá que su demanda. Como la emisión monetaria es potestad del Banco de Guatemala, entonces la inflación es causada principalmente por esta entidad. No lo vemos, pero lo sentimos cuando entre las consecuencias de la inflación notamos que los precios se encarecen día a día por razones que no responden a fluctuaciones en la oferta o la demanda de los productos, lo que sería natural, sino porque cada día hay más quetzales para los mismos bienes y servicios. Lo sentimos, porque cada día vale menos nuestro quetzal en comparación con esos otros bienes y servicios. Cuando nuestros ahorros ya no compran lo que compraban hace un año o hace diez años. Cuando esos ahorros de tantos años quedan destruidos. Me pregunto: ¿Quién está detrás de una potencial hiperinflación? Artículo publicado en el diario guatemalteco Siglo 21, el día jueves 14 de junio 2012.