Logros desnutridos

JOSÉ RAÚL GONZÁLEZ MERLO
Resulta que cometí un grave error en mi columna de la semana. La campaña que nos pregunta si “nos pela” la desnutrición infantil no es promovida por el Gobierno, como originalmente fue reportado por la prensa. Es promovida por ciudadanos que, con su propio dinero, la están financiando. ¿Qué hubiera cambiado en mi opinión de haber conocido ese importante hecho? Me fui con la finta… el 24 de junio, el Periódico reportó que la Secretaría de Seguridad Alimentaria era parte de la provocadora campaña de publicidad. Sin embargo, diversas personas que forman parte de ella me informaron que la misma es promovida y financiada por ciudadanos que, en lo personal, dedican su tiempo y dinero a incidir en el resto de nosotros respecto de ese grave problema. La aclaración es importante. No es el Gobierno quien nos reclama. Son otros guatemaltecos que, desde una posición de autoridad moral, distinta y superior, nos invitan a involucrarnos con ellos. Los felicito por tomar la iniciativa. La forma como nos quieran provocar es otro asunto. Sin embargo, el fondo de mi argumento sigue siendo el mismo: ¿qué vela tiene el Gobierno en este entierro? Si de resultados se trata, el Gobierno parece ser el menos interesado en que se solucione el problema de la desnutrición infantil. Desde que yo recuerdo, esa tragedia ha sido utilizada como el “caballito de batalla” para justificar aumentos de impuestos y gasto público. “Si queremos acabar con la desnutrición infantil, hay que subir la carga tributaria” —nos han venido repitiendo por décadas. Y con ello, colocan al ciudadano en un dilema moral imposible. ¿Quién quiere ser visto como el inconsciente que mantiene esa vergonzosa situación? Por ello es que siempre “damos el piojo” y los políticos se salen con la suya… Y ahora, los resultados. De acuerdo con la V Encuesta Nacional de Salud, la región más pobre del país, noroccidente, mostraba un nivel de desnutrición crónica del 70% en 1995. En 2009, 14 años más tarde, ese nivel había bajado cinco puntos porcentuales a 65%. En ese mismo período los guatemaltecos pasaron de pagar Q7,500 millones de impuestos a pagar Q34 mil millones; ¡4.5 veces más! ¡¿Y no que era para combatir la desnutrición infantil, pues?! ¿O consideran que bajar de 70% a 65% de desnutrición crónica es un “gran logro”? Peor aún, ni siquiera podemos concluir en que la disminución en el indicador haya sido consecuencia directa de la gestión pública en esa región. Eso sí, para el más reciente aumento de impuestos los políticos nos volvieron a decir lo mismo: “si queremos menos desnutrición infantil, necesitamos más dinero”. Con ese nivel de ineficiencia en resultados, no extraña que sean los mismos ciudadanos quienes hayan decidido echarse el problema al hombro y, con sus propios recursos, buscar iniciativas propias para tratar de aliviarlo. Les reitero mi felicitación y reconocimiento. Estoy seguro de que con menos dinero lograrán mucho más para desgracia de aquellos que lucran con mantener las condiciones de pobreza de la mayoría de guatemaltecos. Artículo publicado en el diario guatemalteco Prensa Libre, el día martes 17 de julio 2012.