50 años de potencial

JOSÉ RAÚL GONZÁLEZ MERLO
El Instituto de Recreación de los Trabajadores de la iniciativa privada (Irtra) está celebrando su 50 aniversario de fundación. Medio siglo de, como dice su eslogan, hacer felices a millones de visitantes. Pero para quienes vemos al Irtra como un fenómeno único y extraordinario también nos inspira otro sentimiento: el orgullo de ver que, si nos lo proponemos, los guatemaltecos podemos crear lo mejor del mundo. Qué lejos ha llegado el sueño de Ricardo Castillo Sinibaldi —presidente del Irtra—, cariñosamente conocido como Cayo. Sin duda su tenacidad, ética de trabajo y capacidad para liderar equipos han hecho toda la diferencia. El Irtra es un fenómeno único en el mundo, desde todo punto de vista. No solo por el demostrado éxito desde su creación, sino por el fenómeno cultural que, como por arte de magia, modifica el comportamiento de sus visitantes desde la entrada. ¿Quién iba a pensar que en Guatemala se puede crear una institución que opera con estándares de clase mundial? ¿Que su nivel de infraestructura y servicio no tiene nada que envidiarles a los mejores del mundo? Y que es manejada con una impecable responsabilidad financiera. No lo digo yo. Lo dicen las más prestigiosas organizaciones internacionales que evalúan a los parques de diversiones y que han premiado al Irtra en varias ocasiones, entre ellas, como el mejor parque de diversiones del mundo. Y vaya que se pasa divertido en todos los Irtra. Más allá de su infraestructura, también por la seguridad, cordialidad y respeto que todos y cada uno de sus trabajadores demuestran al visitante. En verdad que sí se puede. Vaya al Irtra y notará el potencial de lo que Guatemala puede llegar a ser cuando hay un sistema explícito e implícito de normas cuyo cumplimiento es exigido a todos sus visitantes por igual. Compruebe cómo aquel que no desea apegarse a las normas es inmediatamente llamado al orden por un silbatazo. Vea cómo ciudadanos de todas las clases sociales conviven pacíficamente. Se nota que no hay sustituto a la autoridad, legítimamente constituida, que se gana el respeto de sus ciudadanos con el ejemplo. Efectivamente el Irtra es motivo de felicidad, pero, por sobre todo, debe ser motivo de orgullo. Y debe ser también un emblema para motivarnos y demostrarnos que, si nos lo proponemos, somos capaces de crear lo mejor del mundo. No obstante lo anterior, es indispensable reconocer que el Irtra no es un accidente. Es consecuencia del liderazgo de Cayo, de sus juntas directivas pasadas y presentes y de un gran equipo de guatemaltecos que trabajan a su lado con pasión, disciplina y amor a la institución y su país. Reproducir ese ejemplo, a nivel personal y nacional, nos permitiría superar, mucho más rápidamente, la pobreza y subdesarrollo que nos agobian. Manos a la obra, pues, porque vamos tarde. Mientras tanto, a todos y cada uno de los trabajadores del Irtra: gracias por hacernos sentir tan orgullosos de todo lo que ustedes han creado. Sigan adelante, nunca pierdan esa cultura y felicitaciones por su cumpleaños número 50. Artículo publicado en el diario guatemalteco Prensa Libre, el día martes 7 de agosto 2012.