Cooperación y división del trabajo

Ramón Parellada
En 1776 se publicó el famoso libro Investigación de la Naturaleza y Causas de La Riqueza de las Naciones del filósofo escocés y profesor de ciencias morales Adam Smith. Desde entonces, la mayoría de economistas considera que esta es la fecha de iniciación de la economía como ciencia. Es cierto que hay trabajos filosóficos previos a Smith. Entre los escritos anteriores a Smith se encuentran las profundas reflexiones de los escolásticos de la Escuela de Salamanca. Estudiaron temas tales como los salarios justos, los precios justos, el interés, las ganancias, la propiedad, la libertad, etc... A pesar de ello, se considera la economía como ciencia a partir de Smith. Smith explica cómo es que las personas actúan libre y voluntariamente cooperando entre sí, especializándose en ciertas tareas productivas. De esta cuenta, quienes participan de la división del trabajo se proveen bienes y servicios en forma recíproca mejor que si no existiera esta división de trabajo. “El uno provee al otro de lo que necesita, y recíprocamente, con lo cual se difunde una general abundancia en todos los rangos de la sociedad”. Su concepto de la mano invisible viene al caso. Apareció primero en su libro La teoría de los sentimientos morales. A pesar de que sólo se menciona una sola vez en su segundo libro La Riqueza de las Naciones la frase se volvió muy conocida y famosa. Aunque se ha malinterpretado por quienes atacan la libertad y la economía de mercado, la explicación correcta se puede entender de su ejemplo del panadero, quien, buscando tener ingresos para poder satisfacer sus necesidades, fabrica pan y lo vende, con lo cual, a la vez y sin ser su principal intención, satisface las necesidades de pan de quienes le han comprado este producto. Al tratar de satisfacer su necesidad, su propio interés, ha satisfecho la necesidad de los demás. Ha contribuido al bienestar de los demás. Lo ha hecho en forma libre, es decir voluntaria y pacífica. Ha intercambiado el fruto de su trabajo por otro bien. Esto es pura cooperación social. El interés propio no debe confundirse con la interpretación del egoísmo en el sentido de obtener cualquier cosa a cualquier precio pasando sobre los derechos de los demás. Darle prioridad al interés propio no significa tampoco indiferencia por el interés ajeno. Tener presente el interés propio no es más que el simple deseo, muy natural, de mejorar el bienestar propio y de la familia con prioridad. Si no se conociera el interés ajeno tampoco podría satisfacerse el propio pues podríamos producir cosas que no le interesan a los demás con lo que nos empobreceríamos. En este sentido, el panadero no produce sólo por producir. No produce para que le sobre sino para intercambiar su producción por otras cosas. De lo contrario su esfuerzo sería inútil. Si le sobra, se empobrece pues pierde lo que invirtió. Así como el panadero, el carpintero, el cocinero, el agricultor y cualquier persona trabajadora que produce algo, tratará que no les sobre nada. Este principio se aplica también a quienes venden servicios tales como los maestros, los profesores, los policías, los médicos, los bomberos, los banqueros, los aseguradores, y en general todo aquel que trabaja produciendo lo que otros quieren, ya sean bienes o servicios. El doctor Manuel Ayau dedicó toda su vida a explicar estas ideas. El trabajo de Smith sobre la división del trabajo y el intercambio fue complementado por David Ricardo y se le conoce como la Ley de David Ricardo, Ley de las Ventajas Comparativas o como le llamaba el famoso Ludwig von Mises, Ley de Asociación. Si entendiéramos bien estos conceptos tendríamos hoy un mejor nivel de vida. Artículo publicado en el diario guatemalteco Siglo 21, el día jueves 16 de agosto 2012.