Cuarenta años

Carroll Ríos de Rodríguez La celebración del 40 aniversario de la Universidad Francisco Marroquín culminó el domingo pasado. Duró un año, teniendo en cuenta que los fundadores terminaron de redactar el Ideario el 15 de julio y el decreto ministerial que aprueba la UFM salió el 12 de agosto de 1971. No fue sino hasta el 15 de enero de 1972 cuando se empezó a impartir clases para las carreras de Derecho, Economía, Administración de Empresas y Teología. (Vea el sitio http://cuarenta.ufm.edu/index.php/Página_principal) El Dr. Manuel Ayau puso en blanco y negro sus recuerdos sobre los eventos circundantes al acto de fundación. No fue un proyecto impulsivo. La inquietud de crear esta oferta educativa surgió en el seno del Centro de Estudios Económico-Sociales (CEES), centro de investigación fundado en 1958. Los directores y amigos del CEES percibían que sería un medio eficaz para contribuir a elevar el nivel de vida de los guatemaltecos. Autodidactas, habían descubierto un proyecto de investigación filosófico, económico y político que arrojaba luz sobre nuestro subdesarrollo. Estaban convencidos de que la prosperidad y la paz vendrían cuando las personas, libres y responsables, interactuaran en un entorno “plural y democrático”. ¡Tenían que compartir sus convicciones con los jóvenes que dirigirían el destino del país! El grupo promotor no solo se enfrentó a un entorno complicado en el contexto nacional, dado el conflicto armado; alrededor del mundo, a finales de los sesenta, la institución universitaria había entrado en crisis. El clamor por una revolución cultural se conjugó con protestas y violencia en torno a la discriminación racial, la guerra en Vietnam, el colonialismo y más. Se reclamaba una mayor participación estudiantil y magisterial en la conducción de las universidades. La zozobra acarreó consecuencias como el relajamiento de los estándares de calidad y la politización de la vida universitaria. Por ello, los fundadores de la UFM reflexionaron sobre el papel auténtico de la universidad: debía ser un espacio para la discusión apacible de ideas. Creían que un abierto intercambio entre personas intelectualmente honestas conduciría al discernimiento de la verdad. No querían que la comunidad universitaria se volcara en cuestiones de poder, de gestión, o incluso de servicio social. Los individuos a título personal, pero no la entidad en sí, podían dedicarse a la política partidista u otras causas sociales. Influyó en ellos el ensayo por Benjamin Rogge y Pierre Goodrich, La educación en una sociedad libre. En torno a este ensayo, Liberty Fund organizó un coloquio que tuvo lugar en marzo de 1971 y al cual fueron invitados el Dr. Ayau y su esposa. Rogge y Goodrich identificaban algunas prácticas propias del sistema estadounidense que habían dañado el ambiente universitario, como por ejemplo la inamovilidad en el cargo de ciertos profesores y la proliferación de materias de dudoso rigor académico. La UFM se diseñó evitando estos males desde el día uno, y la lucha por la excelencia ha sido una constante durante estas cuatro décadas. Artículo publicado en el diario guatemalteco Siglo 21 el día jueves 15 de agosto 2012.