De la mara 18 a la 158

PEDRO TRUJILLO
El anuncio del arribo de un nuevo fiscal para Cicig -un italiano experto en mafias- coincidió con dos lamentables hechos protagonizados por sendos “honorables” diputados del PP. Uno de ellos intentó sobornar a un periodista; el otro pretendía celebrar las fiestas del pueblo pidiendo dinero a sus conciudadanos para que corrieran con los gastos que él planificaba hacer -y capitaliza- en tan magno evento popular ¡Qué caraduras! ¡No sabe el italiano dónde se mete! Aquí, don Antonio, las mafias están más enraizadas que en Palermo. Toto Riina es un lactante al lado de estos mañosos que actúan con absoluto descaro y desdeñan el riesgo y la publicidad porque son ¡bien machos! o mamarrachos. Cuando así se obra únicamente hay dos razones: la estupidez y la ignorancia, algo posible pero no probable, o la costumbre y el hábito a la impunidad que pareciera ser más acertado para analizar esos dos casos. Cuando descaradamente alguien firma una carta solicitando dinero o introduce billetes en el bolsillo de la ropa de una persona, el mensaje —más allá del específico en cada caso— es que se puede hacer sin problemas, y al no ser la primera vez que lo hacen, no es necesario cuidar las formas más elementales de prudencia. Estamos ante un comportamiento delictivo, inmoral, improcedente o todo junto. Lo más lamentable es que el partido oficial no ha respondido en estos asuntos —ni en otros similares— con la contundencia esperada. Cuando un funcionario público —sea quien sea— se ve envuelto en un escándalo —o delito— de esa clase, el liderazgo del partido debe, al menos, suspenderlo inmediatamente de militancia, cuando no expulsarlo y siempre investigarlo. La debilidad de la dirección política del PP únicamente refleja falta de claridad, complicidad o cualquier otra interpretación negativa, pero no contundencia, lucha por la transparencia ni mucho menos la “mano dura” que prometieron y que se entendería como vector de gestión. No son buenos dirigentes quienes carecen de la fortaleza necesaria para sacar de un plumazo a inmorales que se comportan inapropiadamente. Ni siquiera la prudencia puede ser pretexto que dilate la inminente actuación. Tanto uno como otro no pusieron, seguramente, el dinero de su bolsillo, sino que lo obtuvieron de algún fondo público, lo que añade circunstancias agravantes a su deplorable actuar. Es así que se continúa consintiendo el gasto caprichoso de los fondos rotativos —caja chica—, en cantidades milenarias que se esconden bajo rubros desconocidos. Estos émulos de Billy “el niño” o de Al Capone deben recibir un rechazo popular inmediato. Es preciso extrañarlos, y si los diputados fueran medianamente serios, les retirarían la palabra, pero en su lugar votaron por no conformar una comisión de investigación. Como decía un periodista del Viejo Continente: “Lo malo no es que te tomen por imbécil, sino que te lo digan en tu cara”, que es exactamente lo que el Congreso ha hecho. Desconozco en qué momento ocurrirá algo que de verdad sea el punto de inflexión y quiebre de estos comportamientos corruptos. Señora vicepresidenta, como encargada de la transparencia —pero también secretaria general del PP—, acaba de elevar sustancialmente el debe de su cuenta política y ponerlo en rojo. Las pequeñas cosas hacen la diferencia —estas no son tan pequeñas—, salvo que quieran seguir como de costumbre y no pasar a la historia más allá de las páginas amarillas, junto a otros que en su momento criticaron. ¡Capichi! Artículo publicado en el diario guatemalteco Prensa Libre, el día martes 7 de agosto 2012.