Derechos (in) humanos

Estuardo Zapeta
Sean de primera, segunda o tercera, o entren ya en la “cuarta” generación, un concepto tan noble, una causa global tan importante, y una demanda tan sentida (el respeto a ellos) pasó a ser el hazmerreír de una sociedad que vio cómo bajo el pretexto de los “derechos humanos”, los delincuentes eran protegidos y nosotros, los inocentes, condenados. DD.HH. y Justicia se confundieron, y las víctimas, después del atroz sufrimiento terminaban siendo “victimarias”, y los bandidos, los malos, los criminales salía “libres” porque sus “derechos” decían ellas y ellos, habían sido “violentados”. De la mala comprensión de “derechos” todos hemos sido víctimas; sea la Comisión Cicig la que viole los míos, sea el marero descuartizador que se refugie en sus “derechos” para semejante barbarie, sea el menor de edad asesino, o el sicario más implacable, todos los malos han enarbolado esa bandera, o lo harán tarde o temprano para ver si argumentando “derechos” pueden librarse de la Justicia... y muchos lo han hecho. El corrupto también se tira en una camilla hospitalaria para expiar su expoliación entre sábanas blancas, enfermeras que no pasan de medirle su normal temperatura corporal (porque para la moral no hay termómetros) y se salva cual gato panza arriba de la lúgubre cárcel. Y son los malos, los criminales, los corruptos, los descuartizadores, los ladrones, los políticos, los asesinos, los mareros, y todo el ramillete que, oh sopresa, sí supo con celeridad sorprendente apelar a esa aberración de interpretación para su beneficio. ¡Derechos humanos para los humanos, no para los criminales! Pero hasta esos grupúsculos de “defensores de DD.HH.” se han convertido en lo mismo contra lo cual luchan: tan corruptos como los corruptos, tan criminales como los criminales, tan asesinos como los asesinos. Esos “defensores” son unos hijos de p..., sepulturas blanqueadas, cloacas rebalsadas, basura existencial cuyo daño es más irreparable que los supuestos violadores de los derechos humanos que ellos condenan. Esas y esos le han hecho un flaco servicio a la esencia, al espíritu, al alma de lo que una vez fue –y sigue siendo—una de las más excelsas declaraciones humanas. Pero esa gente destruyó, para su beneficio mezquino, la idea central a la cual debemos regresar. El negocio para ellas y ellos es la violación, y el respeto, el correcto entendimiento de los DD.HH. no es bueno para sus negocios, digo ONG. En Guatemala “derechos humanos” es un concepto prostituido, vendido, intercambiado, al igual que las vidas de sus víctimas y los deudos de estas. Tanta ONG parásita que dizque se dedica a su “defensa”, pero que ha hecho de los DD.HH. un cómodo modo de vida. De segunda —lo civiles—o de tercera —los DESC, derechos económicos, sociales y culturales— el reto del nuevo PDH es regresar a los orígenes, a las causas primarias, a la génesis que le dan sentido fundamental a la existencia de la PDH. Pero rodeado de esas gavillas de “defensores”, de ONG, y castrado por la comunidad internacional, pues no irá muy lejos. Insisto, Derechos Humanos (con mayúsculas) para nosotros los humanos. Artículo publicado en el diario guatemalteco Siglo 21, el día martes 21 de agosto 2012.