El concurso de los progenitores más tontos

Karen Cancinos
Llamó mi atención el título del programa que estaba a punto de empezar: Little Miss Perfection. Según yo, vería un concurso de talento infantil: niñas ejecutando con maestría algún instrumento musical, voces hermosas haciendo sus pinitos en el bel canto, futuras prima ballerinas, qué se yo. Pero nada de eso. Lo que vi la siguiente media hora fue un horror. Se trataba de un concurso de “belleza” en el que una decena de chiquillas, vestidas como mujeres, maquilladas como payasos, peinadas como matronas de burdel y enjoyadas con el peor de los gustos, desfilarían antes tres “jueces” que calificarían su “actitud”, su “belleza facial” y su “presentación general”. Todo ante la complacencia de sus horrendas madres, tan superficiales como la grasa que rodeaba el abdomen de muchas de ellas. No me parecieron feas por gordas sino por necias. ¿Qué clase de persona les hace a sus hijas lo que esas mujeres a las suyas? No entiendo cómo alguien que tiene hijas pequeñas, en una sociedad opulenta como la estadounidense, las priva adrede de buenas lecturas, buenas películas, vivencias culturales y experiencias vitales enriquecedoras. No por nada esa sociedad está en franco declive. Vi una niñita pavonearse por todo el escenario con una boa (viva) enroscada en el cuello, a manera de collar. “¡Qué original!”, palmoteaban estúpidamente los asistentes. Vi otra nena de cuatro o cinco años intentar ser “sexy”, adoptando poses de mujer y lanzando besitos con la mano, al estilo Marilyn. Tremendamente patético. Vi chiquillas a las que no se les daba la danza, atosigadas por sus mamás en los días previos al concurso, para que aprendieran rutinas de baile más apropiadas para un concurso de porristas adolescentes o alguna idiotez por el estilo. Escuché a uno de los padres asegurar que ese tipo de concursos son muy útiles para que su hija “desarrolle confianza en sí misma” y “aprenda la importancia de estar en forma”. De seguro cuando llegue a los 15 la mandará al quirófano a que le pongan senos de silicona. Antes de los 25 esa chica ya sabrá de bótox en la cara. A los 40 será un monstruo deforme, quizá con medidas perfectas y con rostro y cabello planchados, pero con la mirada bovina, la mente achatada y la vida vacía. A continuación vi a algunos progenitores ponerse furiosos cuando su nena no “ganó”. Una mujer se preguntaba cómo haría para explicarle a su hijita que los jueces “no la habían encontrado lo suficientemente bonita”. Enfurruñada, aseguró que ese había sido el primer concurso de la niña y que sería el último, ante tan magro resultado. Pobre chiquilla, qué duro tener esa banalidad con piernas por madre. Pero afortunadamente, por otra parte pienso que la decepción de esa bruta es lo mejor que le puede pasar a la chica, pues de aquí en adelante –espero– no la hará perder su tiempo en burradas. Bueno, ¿y qué con nosotros? Quizá usted piense que ante el Consejo Asesor de Seguridad CAS ilegal y usurpador de calidad y funciones que tenemos, la oscuridad en el tema de la portuaria y la miscelánea habitual de politiquería y corruptela, un ridículo programa gringo no amerita comentarios. Yo digo que sí. No vaya a ser que a alguien se le ocurra reproducir aquí algo similar. Como si necesitáramos más fealdad e indignidad. Artículo publicado en el diario guatemalteco Siglo 21, el día viernes 17 de agosto 2012.