La “nueva etnicidad”

Estuardo Zapeta
El discurso indígena guatemalteco se ha caracterizado por una marcada explicación dialéctica de Guatemala, y una reducción de nuestros pueblos a dos vulgares clases sociales: los campesinos y los proletarios. Con esta misma explicación reduccionista, y bajo la bandera de la reforma agraria, el discurso indígena ha validado, a nivel internacional, principalmente, una supuesta lucha entre opresores y oprimidos, que en el caso del país se ha presentado recientemente como una lucha entre invasores e invadidos. Todavía peor, se habla del indígena como clase social y ni los mismos marxistas (o neomarxistas) pudieron definir qué es una clase social y quiénes forman parte de tales clases. Pregunto: ¿a qué clase pertenecen los indígenas ricos de Xela, Almolonga, Tecpán, San Marcos, Chimaltenango? Hemos colapsado identidad y economía para autolimitarnos a poco más que tribus de indefensos campesinos. Nuestro discurso ha creado una víctima derrotada, incapaz y altamente vulnerable, lista para aceptar cualquier propuesta paternalista de nacionales o extranjeros. Esta tónica derrotista es, obviamente, hija de la goma populista latinoamericana. El complejo de víctima étnica ha colonizado nuestras mentes y nos ha estancado intelectualmente. Este complejo de víctima está deteniendo el surgimiento de propuestas creativas para la autogestión de nuestro progreso. El subdesarrollo está, principalmente, en nuestras mentes. En nuestras grandes contradicciones, negamos la nación guatemalteca, pero demandamos a esa misma nación el reconocimiento de nuestra existencia y nuestros derechos. Lo que los indígenas hemos logrado con el discurso populista, el cual está muy lejos de nuestra verdadera visión de la vida, la convivencia y la existencia, es la confirmación de los temores de los etnohistéricos, o sea, los temores de las personas e instituciones que ven en cada etnia una potencial guerra civil. Con este discurso y sin el menor análisis nos estamos automarginando. Políticamente, el discurso indígena argumenta ahora por una autonomía que es impráctica e irreal. No nos hemos dado cuenta de que hemos confundido totalmente autonomía con descentralización de poder y de recursos. Lo único que hacemos al demandar autonomía es seguir confirmando los temores de los etnohistéricos. Gritamos igualdad sabiendo que la igualdad produce mediocridad. La misma madre naturaleza nos da la mejor evidencia en contra del argumento de la igualdad. Y es precisamente cuando gritamos (léase demandamos) que se nos pegan los sindicatos y los grupos populares, los cuales, por haberse quedado sin discurso, han tomado la bandera del etnicismo para justificar una lucha dizque revolucionaria, la cual ya no tiene sentido. Nuestro discurso es el reciclaje de las ideas de la neoizquierda europea, con parches de ecologismo gringo, sazonado con derrotismo latinoamericano. Tan bajo hemos caído. El discurso indígena debe transformarse en una seria propuesta de desarrollo nacional basada en el principio de libertad. Debe ser original y buscar su propio camino. Esto es una revolución hacia “la Nueva Etnicidad”. Artículo publicado en el diario guatemalteco Siglo 21, el día lunes 13 de agosto 2012.