Ley de competencia

Ramón Parellada
¡Una nueva ola reguladora nos ahoga! Ahora nos tocó con la famosa Ley de Competencia o antimonopolio, una ley que no es necesaria y que implicará más gasto y corrupción estatal. Estos intentos por pasar una Ley de Competencia no son nuevos. Ya en el 2002 recuerdo que la comisión de economía del Congreso de la República, la misma que ahora revive el proyecto, se prestaba a estudiar una ley similar. No se necesita una ley de competencia porque en primer lugar ya existe un artículo en la Constitución de la República, el 130, que prohíbe los monopolios. Pero más importante que este artículo es la definición que se tiene por Monopolio y competencia. Quienes defienden esta ley diferencian un mercado competitivo de un monopolio en base al número de competidores, es decir, oferentes. Esta es una desafortunada definición, ya que la verdadera competencia se da simplemente con el hecho de que exista una total libertad de entrada o dicho en otra forma, que no existan barreras a que cualquier persona pueda entrar a competir ya sea produciendo o importando cualquier producto. Algunos piensan que lo que se quiere evitar es la colusión entre pocas empresas para evitar que ellas impongan un precio de monopolio. Pues bien, estos casos de colusión tampoco son preocupantes si no existieran barreras de entrada y la competencia real actual local se sumara a la potencial, que es la más peligrosa de todas, pues constituye una amenaza constante a los productores locales debido a que es una competencia que no existe en este momento pero que puede materializarse de inmediato a través de una empresa productora nueva con mejor estructura de costos o mediante importación de productos mejores y más baratos. Los impedimentos a la competencia son siempre de índole intervencionista causados por el estado o, lo que es peor, en nuestro sistema mercantilista, por la colusión entre empresas y Estado. Veamos: Los aranceles de importación impiden la competencia del exterior y se les llama barreras arancelarias. Solución, eliminar de tajo todos los aranceles de importación, sin excepción. El consumidor empezará a ver que sus ingresos le alcanzan para más productos que ahora puede escoger de más proveedores con diferentes calidades. Los permisos de importación y sus cuotas, los permisos engorrosos y los trámites que involucra la creación de una empresa, las inspecciones fitosanitarias o de otra índole, los trámites aduanales, los ineficientes puertos, la SAT, las leyes y regulaciones especiales que imponen condiciones fuera de lo normal en productos. Todo esto y más, constituyen barreras no arancelarias que encarecen los bienes y servicios que demandamos. Si queremos más competencia, basta con eliminar estas barreras. Lo pero de esta Iniciativa de ley de Competencia, la No.4426, cuyo borrador es de 26 páginas, es que crea una comisión que terminará chantajeando a los empresarios cuando quieran expandirse mediante fusiones y adquisiciones. Somos un país pequeño y nuestras empresas necesitan crecer para poder expandirse y ser eficientes a nivel internacional. Con esta comisión me temo que nos condenamos a ser pequeños e ineficientes. El que exista esta ley en otros países no es razón para que la tengamos nosotros. Si Guatemala se comprometió a tener esta ley y hay que hacerla, entonces sugiero que la ley sea la siguiente: “Se eliminan todas las barreras arancelarias y no arancelarias. Cualquier persona o empresa es libre de producir o importar cualquier producto, en cualquier momento, sin permiso alguno siempre y cuando no dañe los derechos individuales a la vida, a la propiedad y a la libertad de los demás.” Artículo publicado en el diario guatemalteco Siglo 21, el día jueves 30 de agosto 2012.