Más y mejores empleos

Carroll Ríos de Rodríguez
Me gusta el entusiasta lema del Encuentro Nacional de Empresarios (Enade) del 2012: Démosle chance a Guate. Evoca optimismo sobre la posibilidad de progresar, y nos invita a aliviar la pobreza mediante la creación de empleos. Según el Instituto Nacional de Estadísticas, 3.5 millones de los más de 9 millones de guatemaltecos en “edad de trabajar”, no son parte de la Población Económicamente Activa (PEA). Si lográramos una tasa de crecimiento económico anual superior al 6%, la oferta se ajustaría mejor a la demanda, sostienen los organizadores de Enade. El Enade se inserta así en la discusión mundial sobre el trabajo suscitada luego de la crisis financiera de 2008. Usualmente, el debate culmina exigiendo la intervención estatal. Pero, ¿qué debe hacer, y qué debe evitar el Gobierno? Es clave el recordatorio del economista Jerry Jordan, ex presidente del Banco de la Reserva Federal de Cleveland: no debemos confundir la mera creación de empleos con lo que realmente buscamos, la creación de riqueza (www.cato.org/people/jerry-jordan). Jordan cuenta una anécdota: un empresario le narró que vio cientos de trabajadores haciendo una represa cuando visitó China. El empresario explicó a su guía que, con la maquinaria correcta, un trabajador terminaría la faena en un día. El guía chino protestó: “¡Pero eso causaría desempleo!”. El asombrado empresario respondió: “Yo pensé que construían una represa. Si quieren crear empleos, denles cucharas en vez de palas”. Entretenernos en tareas triviales no remedia la pobreza. Peor aún, tales ocupaciones nos impiden explorar porqué los países subdesarrollados con altas tasas de desempleo tienden a desincentivar la creación y la acumulación de riqueza. Sentencia Jordan: “El esfuerzo emprendedor no es manufacturado por ingenieros sociales; más bien logra echar raíces naturalmente en una tierra económica no contaminada por la intervención política deliberada”. En una economía sana, la creación de empleos que sí generan riqueza es precedida de la destrucción de empleos. La innovación es un proceso que constantemente destruye el orden existente a favor de uno más productivo. El advenimiento de la luz eléctrica perjudicó a los fabricantes de velas, pero las ventajas sociales de este avance son innegables. Lo que es más, cuesta predecir las próximas actividades que serán revolucionadas en un mercado dinámico. En 1990, ¿quién hubiera predicho el auge de empleos para diseñadores de páginas electrónicas? Por tanto, el Gobierno no debe enfocarse en crear empleos directamente, ni subsidiar su creación. Tampoco debe intentar adivinar qué sectores serán exitosos y desviar recursos escasos hacia ellos. Y finalmente, debe evitar proteger trabajos en actividades improductivas que serán transformadas por la “destrucción creativa”. El Gobierno sí debe asegurar un ambiente propicio para la inversión y la innovación. Debe flexibilizar la legislación laboral y reducir tanto la tramitología como los costos gubernamentales de originar cada nuevo empleo. Artículo publicado en el diario guatemalteco SIglo 21, el día miércoles 22 de agosto 2012.