Un ángel en El Tumbador

PEDRO TRUJILLO
Freddy tiene muchos hijos y hermanos, aunque no biológicos. Es una suerte de razón afectiva, amorosa y voluntaria que va más allá de la biológica, y por ello merece ser destacada. Responde, también, a razones morales y de valores cristianos porque Freddy De Geytere es un muy particular —y especial— sacerdote católico. Llegó a Guatemala por casualidad al inicio de los ochenta, en momentos duros del conflicto —como él mismo confiesa—, y lejos de involucrarse en cuestiones políticas —como otros hicieron— atendió y pastoreó su iglesia. Dedicó su tiempo a hacer amigos, a conformar una parroquia y a trabajar por mejorar la calidad de vida de su entorno inmediato, ¡que no es poco! Adquirió, con su dinero, algunas cuerdas de la finca donde, más tarde, fundó un centro de rehabilitación para niños con lesión cerebral y completó su obra invirtiendo una herencia personal en construir un colegio y una clínica médica donde hacen fila pacientes desde antes del alba, además de poner en marcha una academia de costura para señoritas. Todo un trabajo de titanes que demuestra la capacidad del ser humano cuando la voluntad, la razón, el trabajo y cierta dosis de ayuda divina convergen en pro de un fin de vida. Nada de eso sería posible sin el equipo de Freddy. Un grupo de colaboradores-amigos que ríen con él y lo acompañan sin desmayo: fisioterapeutas, profesoras de educación especial, doctores, catequistas, personas de confianza y un etcétera no muy grande en número —pero sí en calidad humana— con las características y cualidades propias del mejor equipo olímpico. Sin ellos, comenta el hermano Freddy —como gusta que le llamen—, no hubiese sido posible casi nada de lo que ahora es una realidad. Desea que el día que deje de dirigir la fundación Arriba Tumbador —en esa aldea de San Marcos se encuentra— lo releve un guatemalteco, algo natural pero que adquiere un especial tinte viniendo de un belga, de esos que algunos nacionalistas irracionales señalarían de “extranjero”, como hacen con otros. Es alentador cuando Fredy hace su prédica sobre el paternalismo y anima a la comunidad a trabajar y no esperar nada que venga regalado, sin un esfuerzo individual previo. Ánimo, que pierde fuerza al compararlo con la tiradera de dinero que hacen muchos políticos inescrupulosos y cómo con una pizca de voluntad e interés se podrían alcanzar significativos resultados. No tengo la menor duda sobre el error de pensar que el problema del país es el “poco gasto social”, la falta de prepuesto o similar babosada, porque seres humanos como Freddy y su equipo hacen “milagros” con cantidades irrelevantes en relación con aquellas que dilapidan nuestros electos políticos, cuando no se las roban. Se trata de voluntad, de honestidad, de valores y principios, de fe en lo que se hace y de dedicar —pero de verdad— la vida al servicio de los demás. Freddy sería un nefasto político, porque es honesto, excepcional y eficiente, lo que nos motiva a reflexionar sobre este modelo disfuncional de “democracia participativa” y ver hacia qué otro podemos evolucionar. Querido amigo, no eres el único ángel en la tierra, pero sí uno de los dos que creo conocer y que seguro serán recordados y pasarán a la historia de aldeas, poblados y ciudades perdidas en mitad de la montaña, de las que otros solo se acuerdan para ver cómo utilizar a sus habitantes. Dios —tu mejor amigo— te incluirá en su lista de invitados especiales ¡Te lo mereces! Felicidades por tu ejemplo de vida. Artículo publicado en el diario guatemalteco Prensa Libre, el día martes 14 de agosto 2012.