Buropréstamos

JOSÉ RAÚL GONZÁLEZ MERLO
Con la llamada ley de “actualización fiscal” y “antievasión”, aprobadas de “urgencia nacional”, el Gobierno realizó el incremento de impuestos más alto de nuestra historia. Pero, para desgracia del ciudadano, ese aumento no fue suficiente para saciar el ansia de gasto público. El fin de semana nos enteramos de que viene otro préstamo del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), por $237 millones, para “generar más ingresos tributarios”. Una cosa es aquel refrán que reza “pisto llama pisto”, y otra es que se inventen uno nuevo que rece: “impuestos llaman deuda”… Es increíble cómo las promesas del “cambio” poco a poco se traducen en más de lo peor. Cuando uno escucha que el BID aprueba un crédito de $237 millones para el Gobierno de Guatemala, alguien pudiera pensar en más carreteras, puentes, puertos, aeropuertos e infraestructura para mejorar la eficiencia y competitividad del país. Bajar costos y hacernos más eficientes beneficia a todos y conduce al “desarrollo”. ¿No se llama así el banco, pues? Pero cuando burócratas nacionales piden financiamiento a burócratas internacionales pareciera que solo buscan una cosa: aumentar la burocracia. Eso es justo lo que pasará si permitimos que se apruebe semejante endeudamiento externo. ¿Para qué cree que van a usar la plata? Dicen que para “apoyo a reformas que ayudarán a incrementar los ingresos fiscales, fortalecer la administración tributaria y los mecanismos de control del endeudamiento nacional y municipal.” ¡Qué cinismo! ¿Vamos a contratar deuda porque el endeudamiento nacional y municipal está fuera de control? Pues así parece. El crédito equivale a casi Q1,900 millones en más burocracia. Hoy en día la SAT gasta Q640 millones al año, y el Ministerio de Finanzas, otros Q315 millones. El préstamo es más del doble del presupuesto de ambas entidades. ¿Quién puede ser tan ingenuo como para pensar que el dinero será usado para otra cosa que no sea fomentar más burocracia, más despilfarro y más corrupción? La respuesta a la anterior pregunta es: el BID, a quien los guatemaltecos ya le debemos más de $2 mil millones. Divida eso entre los seis millones de personas que forman la población económicamente activa y resulta que cada una debe 330 mil dólares. ¿Se ha puesto a pensar cuánto tendrá que trabajar para pagar los impuestos con los que habrá que pagar esa y la nueva deuda; más los intereses? Peor aún, ¿ya se puso a pensar que encima tendrá que pagar más impuestos para soportar la nueva burocracia? Estamos a las puertas de un préstamo más, en donde los únicos ganadores serán quienes reciban el pisto, mientras que los tributarios guatemaltecos recibirán la factura. Esa miope visión de burócratas nacionales e internacionales nunca nos conducirá por la senda del “desarrollo”. El mal llamado Banco Interamericano de “Desarrollo” siempre ha sido bueno para endeudarnos, pero muy malo para rendir cuentas de los beneficios de sus financiamientos. Ojalá que esta vez tengamos la dignidad de impedir que sigan robándonos con la complicidad del BID. Hechor y consentidor pecan por igual. Artículo publicado en el diario guatemalteco Prensa Libre el día martes 04 de septiembre 2012.