¿Cuál fiesta?

JOSÉ RAÚL GONZÁLEZ MERLO
El jueves se conoció una buena noticia: la agencia calificadora de riesgo Standard and Poors (S&P) mejoró su perspectiva de riesgo para nuestra deuda pública. El Gobierno se apresuró a declarar que ello representaba una “muestra de confianza” en el país. Sin embargo, antes de destapar las botellas de champán, debemos entender qué quiere decir esta mejora. Una calificación de riesgo no es más que la opinión de la agencia respecto de la habilidad y disposición de un deudor de cumplir con sus obligaciones financieras, cabalmente y a tiempo. Naturalmente, la opinión no es “blanco o negro”, sino viene en distintos tonos de gris. Inevitablemente, tampoco es una ciencia exacta —como la reciente crisis financiera lo demostró—. Por ello se usa una escala de letras que va desde AAA —la deuda de menor riesgo— hasta D —deuda que está morosa—; y dentro de cada escala se agrega la “perspectiva” que puede ser positiva, estable o negativa. La deuda del Gobierno de Guatemala es BB —similar a la de Portugal—, y lo que cambió es que pasó de perspectiva “negativa” a “estable”. La pregunta es ¿por qué? En opinión de S&P, con el reciente aumento de impuestos, el Gobierno tendrá más fondos para, eventualmente, darle mejor servicio a la deuda pública. S&P también espera que haya mejores tasas de crecimiento económico y, en su opinión, la combinación de ambas cosas tiende a disminuir el riesgo de nuestra deuda pública. Una calificación de riesgo es algo importante porque si ésta mejora, el sector privado también podría contratar deuda a mejores tasas en los mercados internacionales. Tasas de interés bajas son buenas para alentar proyectos de inversión. Desde esa perspectiva la noticia es bienvenida. La celebración termina cuando nos damos cuenta de que el pilar de la mejora fue un aumento de impuestos. Lógico, S&P está velando por los intereses de nuestros acreedores. Recuerden que su trabajo es estimar la probabilidad de impago; por lo tanto, mientras más impuestos, mejor. No es necesariamente lo mismo desde la perspectiva ciudadana que, primero, es endeudada y, luego, es esquilmada por su gobierno. Todavía estamos esperando que más impuestos impliquen mejores gestiones públicas, no solamente gobiernos más grandes… Viéndolo así, qué cara nos salió la calificada. Con una deuda pública a punto de llegar a los Q100 mil millones y creciendo, tal vez hubiese sido mejor quedarnos igual pero con menos deuda… Peor, ahora el Gobierno está más envalentonado para seguirnos endeudando… Así que cuando escuche en la propaganda oficial que esto es un “logro” del Gobierno, recuerde que se realizó a costa del incremento más grande de impuestos de nuestra historia moderna. Recuerde también que la deuda pública descansa sobre sus hombros, los de sus hijos y los de sus nietos —si aún no tiene nietos, apúrese, el Gobierno necesita tributarios—. En realidad, más que un mérito del Gobierno, es un mérito de la capacidad ciudadana para soportar una deuda pública cada vez más grande sin ver beneficio alguno. Ahora que ya sabe, puede ir a celebrar, si todavía tiene ganas. Artículo publicado en el diario guatemalteco Prensa Libre, el día martes 12 de septiembre 2012.